Vanidad.
La palabra vanidad viene del latín vanitas, vanitatis (cualidad de lo vano,
pura apariencia, fraude, presunción de que se posee algo cuando el interior
está vacío. El vocablo se deriva del adjetivo vanus (vano, hueco, vacío).
Orgullo o sentimiento de
superioridad frente a los demás que provoca un trato despectivo y
desconsiderado. Cosa que solamente sirve para mostrar riqueza, lujo o poder y
que carece de valor moral. Inútil, ficción de la fantasía.
La vanidad se define como un tipo de arrogancia, engreimiento, una percepción exagerada de la soberbia.
En algunas enseñanzas religiosas la considera como una forma de idolatría en la que uno rechaza a Dios por lo que hace él mismo. Las historias de Lucifer y Narciso (de donde se ha sacado el término “narcisismo”, por lo que puede considerarse uno de los siete pecados capitales.
Alrededor del año 375, Evagrio Plóntico se unió a un monasterio fuera de
Cosntantinopla, allí clasificó “los ocho pecados que, según él, atraían al
hombre al infierno”. Evagrio creía que había ocho “tentaciones terribles para
el alma”, y la vanidad era una de las más letales. Evagrio advirtió que la
vanidad “corrompía todo lo que tocaba y la denominó un tumor del alma lleno de
pus que al alcanzar la madurez se descompone en un desagradable desastre”. En
590, el papa Gregorio Magno reexaminó la lista y redujo los pecados a siete.
Anteriormente, Evagrio las había denominado “tentaciones”, el papa cambió el
nombre por el de “pecados” y proclamó que eran mortales.
Los siete pecados capitales (lujuria, pereza, gula, ira, envidia,
avaricia y soberbia) son una clasificación de los vicios mencionados en las
primeras enseñanzas del cristianismo para educar a sus seguidores acerca de la moral
cristiana.
La gente piensa equivocadamente en lo importante. Piensa que saber
diferenciar entre lo esencial y lo banal. Si realmente lo entendieran, podrían hacer
hincapié en las cosas realmente positivas y constructivas para la vida. Lo vano
tarde o temprano nos arrebata la vida libre, la vida tranquila, la vida
equilibrada, la vida sana, la vida inteligente, la vida amorosa. El problema
con la vanidad es que nos genera un sentimiento de placer por vernos bien,
sentirnos bien, a base de detalles superficiales elaborados por máscaras
psicológicas con las que ocultamos la inconformidad que tenemos con nosotros mismos y que pretendemos corregir de
manera definitiva, pero que nunca es duradera.
La vanidad y la banalidad son
un espejismo. Son una mala interpretación entre lo que es y lo que no es, entre
lo duradero y lo pasajero, entre lo que favorece la vida y lo que es superficial
para la vida. ¿Lograremos desarrollar la sensibilidad para diferenciar y
practicar lo valioso de vano?
Saludos y hasta siempre...
Yolokayotl nouikpa. J.Z.
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