lunes, 30 de abril de 2012

La riqueza


­Riqueza.

La palabra “rico” y “riqueza” viene del gótico “riks” que significa “poderoso”. Esta palabra tiene la raíz indoeuropea “reg”, que tiene relación con “derecho” y “destreza”. Entonces “rico”, “poderoso” y “derecho” son palabras relacionadas con el lado fuerte (derecho) del cuerpo. Esto también explica la relación de la palabra “rico” con algo de sabor agradable. Usualmente, algo sabroso es algo que tiene un “fuerte” o “poderoso” olor o sabor.

Para Platón, la riqueza debía ser distribuida de forma igualitaria, mientras que para su discípulo Aristóteles debía serlo proporcionalmente al esfuerzo de cada uno. Al introducir la noción crematística, Aristóteles condenó la práctica de acumular la riqueza por ella misma y no con otro fin que el placer personal.

Edad Media (siglos V al XV)

En la sociedad de esta época, se dividía en clases: nobleza; integrada por los gobernantes y los jefes militares, hombres libres que son la base del ejército, le seguían los hombres semilibres que eran personas pertenecientes a otros pueblos que eran sometidos, por último los esclavos que se dedicaban a los trabajos más pesados.

La economía de estos pueblos se basaba en la agricultura, dicha agricultura va a ser de autoabastecimiento, aunque también fue importante la ganadería destacando como producto la lana.

La cultura de estos pueblos sufrió un gran retroceso provocado por la ruralización de la sociedad, o sea, las ciudades casi van a desaparecer y como consecuencia de ello, la cultura quedará reducida a los monasterios, y por lo tanto, será la iglesia la encargada de trasmitir la cultura y el conocimiento.

Ssanto Tomás de Aquino buscó reconciliar el pensamiento de Aristóteles con la doctrina cristiana, y desarrolló el pensamiento de la Escolástica (movimiento teológico y filosófico que intentó utilizar la filosofía grecolatina clásica para comprender la revelación religiosa del cristianismo), para la cual prestar dinero con interés era entregarse al pecado mortal de la codicia o avaricia, uno de siete pecados capitales, por lo cual se dejaba esta ocupación a personas de otras creencias, judíos principalmente.

Después la producción de riqueza se vinculó a la noción de los factores de producción, que son esencialmente el capital y el trabajo, dando paso a los siguientes modelos económicos:

Mercantilismo


Desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII la doctrina económica dominante fue la del Mercantilismo, para la cual el enriquecimiento de los Estados-naciones en principio derivaba del comercio y la industrialización o elaboración de manufacturas, y no del oro importado de las colonias (Bullionismo, desarrollado sobre todo en España y Portugal).

Para el Mercantilismo, doctrina que dominó desde la Edad Media hasta el siglo XVIII, el fundamento de la riqueza de un país es el comercio o balanza comercial entre el debe y el haber.

Bullionismo

Para el Bullionismo, doctrina que dominó en la España del siglo XVI y XVII, el fundamento de la riqueza son los metales preciosos y materias no perecederas. Se considera una especie de mercantilismo arcaico.

Fisiocracia


Para la Fisiocracia, doctrina que dominó en Francia a lo largo del siglo XVIII, el fundamento de la riqueza es la propiedad de la tierra y el trabajo de sus productos. Sus principales defensores fueron los economistas. Según esta doctrina, la riqueza no es la suma de dinero que un país puede atesorar, sino la cantidad de materias primas al alcance de las necesidades del hombre, o sea, el excedente de productos agrícolas y minerales por sobre las necesidades del consumo nacional o producto neto. De su existencia e incremento depende la prosperidad o riqueza de un país. Las industrias del segundo sector, el transformativo, y el comercio, según los fisiócratas, no constituyen riqueza, sino que son profesiones estériles que la consumen: la riqueza verdadera se contiene en la tierra y sus productos.

Liberalismo


El Liberalismo económico, es el valor de uso y de cambio que las cosas tienen, o la suma total de los valores en cambio de los bienes en poder de los individuos o de la nación, y el medio más efectivo para incrementarla era la división del trabajo, porque es el trabajo lo que produce la riqueza y no la tierra. El liberalismo afirma que la riqueza se genera cuantas menos cortapisas e intervencionismo ponga el estado al desarrollo de los negocios.

Otros teóricos del liberalismo afirmaban que los vicios privados y el egoísmo redundan en virtudes o beneficios públicos y colectivos; así generó la llamada teoría del valor-trabajo, para el que el valor de las mercancías lo determina la cantidad de trabajo necesaria para su producción; otra teoría fue que, como la obtención de materias de primera necesidad crece en progresión aritmética mientras que la población crece en progresión geométrica, la carestía genera subidas de precio y por tanto de valor; una más estudia el carácter subjetivo del valor y defiende el librecambismo o libertad económica, ya que la riqueza se aminora con el exceso de tributos y reglamentaciones, y denuncia los peligros de la inflación y las manipulaciones monetarias; por último podemos mencionar otro concepto de riqueza, donde uno de los primeros elementos de riqueza era el "talento, la ciencia y el arte", un tipo de riqueza que se consume en el instante en que se produce.

 Marxismo


Para el Marxismo o materialismo histórico, es el trabajo, el que genera una plusvalía que se vuelve a reinvertir acumulado al capital primitivo.

Existen más tipos de modelos económicos y muy importantes, pero, con estos es suficiente para darnos una idea de cómo ha ido cambiando el concepto de riqueza.

Ahora nos toca a nosotros definir si nuestro concepto de riqueza, ha sido impuesto por teóricos y políticos, y cómo nos vamos a relacionar de hoy en adelante con el invento de la riqueza…

Le preguntamos a diferentes personas, ¿qué es la riqueza? y pudimos notar dos grupos:

El primer grupo contestó de la siguiente manera:

Arquitecto: Tener proyectos que me permitan ganar mucho dinero.

Ingeniero: Desarrollar sistemas que sean útiles y muy bien pagados.

Abogado: Tener muchos casos que dejen buenas ganancias y tener un BMW.

Médico: Tener muchos pacientes y poder comprar una casa grande y bonita.

Gerente: Tener la empresa en niveles de ganancia altos y crecientes.

Atleta: Ganar fama y reconocimiento mundial, para estar bien pagado.


El segundo grupo contestó lo siguiente:



Preso de por vida: Caminar libre por las calles.

Ciego: Ver la luz del sol y a la gente que quiero.

Sordo: Escuchar el sonido del viento y cuando me hablan.

Mudo: Poder decir a las personas cuánto las amo.

Inválido: Correr en una mañana soleada.

Persona con una enfermedad terminal: Poder vivir un día más.

Huérfano: Poder tener una madre, un padre, y hermanos.





Saludos y hasta siempre... Yolokayotl nouikpa. J.Z[

jueves, 26 de abril de 2012

La vanidad


­Vanidad.


La palabra vanidad viene del latín vanitas, vanitatis (cualidad de lo vano, pura apariencia, fraude, presunción de que se posee algo cuando el interior está vacío. El vocablo se deriva del adjetivo vanus (vano, hueco, vacío).

Orgullo o sentimiento de superioridad frente a los demás que provoca un trato despectivo y desconsiderado. Cosa que solamente sirve para mostrar riqueza, lujo o poder y que carece de valor moral. Inútil, ficción de la fantasía.

La vanidad se define como un tipo de arrogancia, engreimiento, una percepción exagerada de la soberbia.

En algunas enseñanzas religiosas la considera como una forma de idolatría en la que uno rechaza a Dios por lo que hace él mismo. Las historias de Lucifer y Narciso (de donde se ha sacado el término “narcisismo”, por lo que puede considerarse uno de los siete pecados capitales.

Alrededor del año 375, Evagrio Plóntico se unió a un monasterio fuera de Cosntantinopla, allí clasificó “los ocho pecados que, según él, atraían al hombre al infierno”. Evagrio creía que había ocho “tentaciones terribles para el alma”, y la vanidad era una de las más letales. Evagrio advirtió que la vanidad “corrompía todo lo que tocaba y la denominó un tumor del alma lleno de pus que al alcanzar la madurez se descompone en un desagradable desastre”. En 590, el papa Gregorio Magno reexaminó la lista y redujo los pecados a siete. Anteriormente, Evagrio las había denominado “tentaciones”, el papa cambió el nombre por el de “pecados” y proclamó que eran mortales.

Los siete pecados capitales (lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbia) son una clasificación de los vicios mencionados en las primeras enseñanzas del cristianismo para educar a sus seguidores acerca de la moral cristiana.

La gente piensa equivocadamente en lo importante. Piensa que saber diferenciar entre lo esencial y lo banal. Si realmente lo entendieran, podrían hacer hincapié en las cosas realmente positivas y constructivas para la vida. Lo vano tarde o temprano nos arrebata la vida libre, la vida tranquila, la vida equilibrada, la vida sana, la vida inteligente, la vida amorosa. El problema con la vanidad es que nos genera un sentimiento de placer por vernos bien, sentirnos bien, a base de detalles superficiales elaborados por máscaras psicológicas con las que ocultamos la inconformidad que tenemos con nosotros mismos y que pretendemos corregir de manera definitiva, pero que nunca es duradera.

La vanidad y la banalidad son un espejismo. Son una mala interpretación entre lo que es y lo que no es, entre lo duradero y lo pasajero, entre lo que favorece la vida y lo que es superficial para la vida. ¿Lograremos desarrollar la sensibilidad para diferenciar y practicar lo valioso de vano?



Saludos y hasta siempre... Yolokayotl nouikpa. J.Z.

miércoles, 25 de abril de 2012

El trabajo


­Trabajo.

La palabra trabajo viene del latín tripaliare. Tripaliare viene de tripalium (tres palos). Tripalium era un yugo hecho con tres (tri) palos (palium) en los cuales amarraban a los esclavos para azotarlos. La relación de “trabajo” con tripallium no es de “pegar” sino de “sufrir”. Se aplicaba a cualquier actividad que producía dolor en el cuerpo. Cuando se inventó esta palabra la mayoría de la población trabajaba en el campo haciendo esfuerzo físico, lo cual los hacía sentir como si hubieran sido apaleados.

En otra lengua madre de Europa, el esukera, significa aficionado al dolor y al cansancio. En esta misma lengua,  la palabra trabajo en uso general es -ian- faena u obra, no castigo y conlleva un fuerte contenido de producción y celebración de sus frutos.

El trabajo, tal como hoy lo conocemos, no es un hecho natural; tanto su contenido como el papel que ha jugado en las vidas de los seres humanos no ha sido siempre el mismo, sino que se ha modificado a lo largo de la historia. A partir de esta visión podemos evaluar mejor las pérdidas o los progresos que ha experimentado la actividad del trabajo.

En el mundo antiguo y en las comunidades primitivas no existe un término como el de trabajo con el que hoy englobamos actividades muy diversas, asalariadas y no asalariadas, penosas y satisfactorias, necesarias para ganarse la vida o para cubrir las propias necesidades.

En el mundo griego se juzgaba que la cualificación y la distinción entre actividades era algo esencial. Además distinguían entre actividades libres y serviles y rechazaba estas últimas porque "inutilizaban al cuerpo, al alma y a la inteligencia para el uso o la práctica de las aptitudes interiores"; comparaba el trabajo "que se hace para otros" al del esclavo y criticaba con energía la actividad metodológica de hacerse rico que "pone todas las facultades –físicas e interiores- al servicio de producir dinero".

Consideraban que la finalidad de la actividad tenía extrema importancia, pero dicho fin no se podía restringir a la utilidad de las actividades. Los griegos entendían que las actividades son útiles (leer y escribir, por ejemplo, era útil para la administración de la casa; el dibujo para evaluar el trabajo de los artesanos), pero las actividades, a su entender, no debían perseguir siempre la utilidad. Era también preciso preguntarse, en que modo determinadas actividades contribuyen a la formación del carácter y del alma.

En aquellos tiempos el ocio era mucho más valorado que en la actualidad y más apreciado que cualquier tipo de trabajo. Pensadores y filósofos llamaban a reflexionar sobre la manera de ocupar este tiempo de no trabajo (no nada más irme a pasear o cuando llega la fecha de asueto, correr a vacacionar). "Los griegos pensaban que ambos (trabajo correcto y ocio) son necesarios, pero el ocio es preferible tanto al trabajo como a su fin, hemos de investigar a qué debemos dedicar nuestro ocio… y también deben aprenderse y formar parte de la educación ciertas cosas con vistas a un ocio en la diversión…"

En Grecia se estableció una diferencia radical entre dos esferas de actividad: la relacionada con el mundo común, y la relativa a la conservación de la vida.

La política –no concebida como una profesión de especialistas, como se hace actualmente- era la actividad paradigmática en ese primer mundo, al que tenían acceso todos los ciudadanos libres. La relación entre estos dos mundos podemos representarla, mediante la lógica entre la libertad y la necesidad. Las actividades del mundo de lo común o de la polis constituirían el ámbito de la libertad, mientras que las tareas dirigidas a la conservación de la vida, que contribuían al desarrollo de la comunidad familiar, conformaban el ámbito de la necesidad. Era preciso que un determinado sector de la sociedad ejerciera estas últimas funciones –predominantemente los esclavos- para que otros sector, el de los hombres libres, pudiera dedicarse a las actividades realmente estimadas.

En la época medieval el trabajo en general no ganó mayor aprecio. Desde la perspectiva cristiana hay una inclinación a justificar el trabajo, pero no a verlo como algo valioso. Los pensadores cristianos hacían referencia al principio paulino "quien no trabaja no debe comer…", pero entendían que el trabajo era un castigo o, cuando menos un deber. Se justificaba el trabajo por la maldición bíblica y por la necesidad de evitar estar ocioso. Como vemos el ocio comienza a adquirir otra connotación algo distinta a la del mundo antiguo. Sin embargo, la vida monástica dedicada a la contemplación se valora mejor que el trabajo. Para legitimar esta excepción al principio paulino, filósofos cristianos argumentan que el trabajo es un deber que incumbe a la especie humana, pero no a cada hombre en particular.

Por otra parte, al trabajo no se le atribuye, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad, un papel trascendente en la sociabilidad. Tanto en el mundo antiguo como en la Edad Media se ve al ser humano como un ser sociable por naturaleza. No hay que inventar razones para justificar la agrupación de los individuos en sociedad, como se hará más tarde a través de los modelos contractualitas. Las personas, según esa perspectiva, solo pueden realizarse o completarse como tales, viviendo en sociedad; al margen de ella, llegó a decir Aristóteles, el hombre "o es una bestia, o es un Dios". El fin de los griegos, es un fin compartido que no puede alcanzarse aisladamente. El trabajo no es el fundamento de la asociación humana. Para los griegos, la actividad asociativa por excelencia era la actividad política.

Con el pensamiento moderno nace una concepción muy diferente del trabajo. En primer lugar, aparece como una actividad abstracta, indiferenciada. No hay actividades libres y serviles, todo es trabajo y como tal se hace acreedor de la misma valoración, como luego veremos, muy positiva, incluso apologética. Encontramos dos explicaciones, ambas convincentes, de esta transformación de la actividad diferenciada en trabajo neutro. 1.- desde el materialismo, la mudanza tiene lugar cuando se produce predominantemente para el mercado y el trabajo se convierte en valor de cambio. 2.- desde la perspectiva luterana del trabajo, se juzgaba que todas las profesiones merecían la misma consideración, independientemente de su modalidad y de sus efectos sociales. Lo decisivo para cada persona era el cumplimiento de sus propios deberes. Esto se ajustaba a la voluntad de Dios y era la manera de agradarle.

La visión del trabajo como actividad fundamentalmente homogénea, no diferenciada, tenía también consecuencias prácticas: enmascaraba la diferencia entre trabajo penoso y satisfactorio, y entre el trabajo manual y el trabajo intelectual; justificaba la desigualdad como necesidad técnica debida a la división del trabajo; y por último, encubría el hecho de que el trabajo es un elemento discriminador por excelencia debido al diverso estatus de vida que proporciona según el lugar que ocupan los individuos en la producción.

Sin embargo, esta concepción del trabajo ha venido coexistiendo con una cierta jerarquización (al margen de su consideración moral) basada en criterios económicos, justificados en buena medida por los teóricos de la ciencia económica. Desde esta perspectiva, los niveles más altos de la escala correspondían al trabajo productor de plusvalía, denominado trabajo productivo; al que se intercambiaba por dinero a través del comercio o del salario (frente al trabajo que no reunía estos requisitos como es el trabajo doméstico) y al trabajo identificado con la creación de productos artificiales. Como correlato, se despreciaba el trabajo dedicado a las necesidades vitales y el trabajo que no dejaba huella, monumento o prueba para ser recordado. El trabajo dedicado a las labores naturales como la reproducción o el cuidado carecía de valor.

En segundo lugar el pensamiento moderno mitificó la idea del trabajo. La literatura de los grandes pensadores de la época contribuyó a esta mutación proporcionando argumentos en favor de su fundamentación. Para John Locke el trabajo era la fuente de propiedad. Según él, Dios ofreció el mundo a los seres humanos y cada hombre era libre de apropiarse de aquello que fuera capaz de transformar con sus manos. Para Adam Smith el trabajo era la fuente de toda riqueza. Las teorías del valor de Adam Smith y de David Ricardo tenían su base en la idea de que el trabajo incorporado al producto constituía la fuente de propiedad y de valor.

Una nueva perspectiva teológica del trabajo favoreció también su mitificación. Comenzó a ser visto no como un castigo divino o simplemente como un deber, sino como el mejor medio de realización humana. El trabajo adquirió nuevos significados: a) un sentido cósmico, según el cual el ser humano completaba la obra que Dios le entregó para que la embelleciera y la perfeccionara; b) un sentido personal, por ser el mejor medio para que el individuo, que nace débil y necesitado, encontrara su perfección; c) un sentido social, en la medida en que el trabajo era el factor decisivo en la "creación de sociedad" y la impulsión del progreso. La ética puritana, en particular, completaba esta idea trascendente del trabajo al considerarlo como un "fin en sí mismo" (lejos de la concepción de Tomas de Aquino que lo entendía como un medio para la conservación personal y social) y como el elemento que da sentido a la vida.

La exaltación del trabajo en el momento del desarrollo industrial era compartida por muchos sectores sociales. A finales del siglo XIX Paul Lafargue, si bien culpaba a la moral burguesa y cristiana de haber inculcado a la sociedad el "amor al trabajo", reconocía en las clases trabajadoras una "pasión amorosa" por el mismo:

Una pasión invade a las clases obreras de los países en que reina la civilización capitalista; una pasión que en la sociedad moderna tiene por consecuencia las miserias individuales y sociales que desde hace dos siglos torturan a la triste Humanidad. Esa pasión es el amor al trabajo, el furibundo frenesí del trabajo, llevado hasta el agotamiento de las fuerzas vitales del individuo y de su progenitura. En vez de reaccionar contra esa aberración mental, los curas, los economistas y los moralistas han sacro-santificado el trabajo. Hombres ciegos y de limitada inteligencia han querido ser más sabios que su Dios; seres débiles y detestables, han pretendido rehabilitar lo que su Dios ha maldecido.

Lafargue pertenece a la tradición socialista pero ésta no mantiene ni mucho menos una posición unánime en la crítica del trabajo. Saint-Simon, por ejemplo, proponía sustituir el principio evangélico de "el hombre debe trabajar" por "el hombre más dichoso es el que trabaja" y afirmaba que "la humanidad gozaría de toda la dicha a la que puede aspirar si no hubiera ociosos". El reformador social Etienne Cabet se disponía a acabar en su Icaria con la pereza e imponer la obligatoriedad del trabajo. El Manifiesto del primer congreso de la Asociación Internacional del Trabajo (AIT) exaltaba el "trabajo grande y noble, fuente de toda riqueza y de toda moralidad".

En el propio Karl Marx la consideración sobre el trabajo tampoco presenta unos perfiles muy nítidos. Mantuvo una visión positiva del mismo en cuanto que actividad potencial (fuente de toda productividad y expresión de la misma humanidad del hombre) no como existía en la realidad. Criticó el trabajo en la sociedad capitalista como actividad enajenada ("el trabajador se relaciona con el producto de su trabajo como un objeto extraño") y señaló los efectos perniciosos de la división del trabajo en la Ideología alemana. Consideró que la supresión del trabajo debía ser uno de los objetivos fundamentales del comunismo. De hecho, en la Crítica al Programa del Partido Obrero Alemán, refiriéndose a la fase superior de la sociedad comunista, señaló que "la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo habrá desaparecido y, como consecuencia, la oposición entre el trabajo manual y el trabajo intelectual".

Sin embargo, para Marx, el desarrollo de la productividad (ligada a la división del trabajo) era una precondición para la sociedad comunista y, al mismo tiempo, muchos de los males de la sociedad capitalista guardaban relación con la división del trabajo. Esta suerte de paradojas en las que el establecimiento a través de un proceso penoso de unas determinadas condiciones posibilitaba la liberación o emancipación a más largo plazo jugó un papel decisivo en la tradición socialista a la hora de justificar el presente (y más todavía cuando este presente estaba gobernado por la clase trabajadora, como ocurría en los llamados países socialistas). Así, los efectos nocivos y embrutecedores de los procesos que promovían un aumento de productividad eran subestimados o embellecidos porque acercaban objetivamente las condiciones de posibilidad del comunismo.

El enaltecimiento del trabajo llevó consigo el menosprecio por otro tipo de actividades y una nueva concepción del tiempo. Se juzgaba que el tiempo era valioso desde el momento en el que estaba dedicado a la producción y al trabajo. Ocuparlo con otras actividades era perder el tiempo, "estar ocioso". Desde las primeras décadas del desarrollo industrial dedicar tiempo al ocio fue sinónimo de degradación. Las palabras de Benjamin Franklin "el tiempo es oro" ilustran el espíritu de la época al respecto. Cuando Franklin hace referencia al trabajo dentro del catálogo de virtudes, anota lo siguiente: "Trabajo: no perder el tiempo; estar siempre ocupado en hacer alguna cosa provechosa; evitar las acciones innecesarias".

E.P. Thompson en su obra Costumbres en común relata como se pasa de la modalidad del trabajo en la que las tareas determinan los ritmos y la dedicación al trabajo regulado por el tiempo. La primera modalidad reúne dos características: a) es más comprensible desde un punto de vista humano; b) establece una distinción menor entre el trabajo y la vida. Las relaciones sociales y el trabajo están entremezcladas -la jornada de trabajo se alarga o contrae de acuerdo con las labores necesarias- y no hay conflicto entre el trabajo y el "pasar el tiempo".

En la segunda modalidad los empresarios calculan sus expectativas sobre el trabajo contratado en "jornadas (por ejemplo, cuánto cereal podía segar un hombre en una jornada). El patrón dispone del tiempo de su mano de obra y debe evitar que se malgaste. No es el quehacer el que domina sino el valor del tiempo al ser reducido a dinero. El tiempo se convirtió así en moneda: no pasaba sino que se gastaba. No es de extrañar que esta nueva evaluación del tiempo llevara progresivamente a una reducción del número de fiestas del calendario.

El trabajo se convirtió, por otra parte, en el lugar privilegiado de creación de solidaridad de las clases trabajadoras, pero al mismo tiempo otros factores de sociabilidad fueron desestimados (los lazos comunitarios, las identidades colectivas no basadas en el trabajo, etc.). El pensamiento moderno inventó al individuo y a partir de esta creación se vio en la necesidad de explicar la construcción de la sociedad. Lo hizo mediante los modelos contractualistas de Locke, de Hobbes o de Rouseau, pero también a través del artificio smithiano conforme al cual la división del trabajo y el comercio juegan un papel fundamental en la formación y estructuración de la sociedad.

Los rasgos del trabajo hasta aquí descritos están de alguna manera presentes en nuestras actuales concepciones. Algunos de ellos, como la noción del ocio, han sufrido recientemente modificaciones pero no tanto como para alterar la idea de la superioridad del tiempo entregado al trabajo sobre el dedicado a otro tipo de actividades. La constatación de esta realidad llevó al historiador E.P. Thompson a la siguiente reflexión: "Si conservamos una valoración puritana del tiempo, una valoración de mercancía, entonces (el ocio) se convertirá en un problema consistente en cómo hacer de él un tiempo útil o cómo explotarlo para las industrias del ocio. Pero si la idea de finalidad en el uso del tiempo se hace menos compulsiva, los hombres tendrán que reaprender algunas de las artes de vivir perdidas con la revolución industrial".

La era moderna incorporó a la consideración del trabajo aspectos muy pocos positivos, sin embargo en el curso de la misma el trabajo alcanzó una trascendencia en la conformación de la sociedad como nunca tuvo en épocas anteriores. La crisis económica actual, sin embargo, exige la puesta en cuestión de una buena parte de las ideas heredadas sobre el trabajo, aunque ello no resulta nada fácil. La pensadora alemana Hanna Arendt, anticipándose en algunas décadas a la situación actual de desempleo expresaba así su escepticismo: "La Edad Moderna trajo consigo la glorificación teórica del trabajo, cuya consecuencia ha sido la transformación de toda la sociedad en una sociedad de trabajo. Por lo tanto, la realización del deseo, al igual que sucede en los cuentos de hadas, llega un momento en que sólo puede ser contraproducente, puesto que se trata de una sociedad de trabajadores que está a punto de ser liberada de las trabas del trabajo y dicha sociedad desconoce esas otras actividades más elevadas y significativas por cuya causa merecería ganarse la libertad".

Antes de pretender cualquier cambio que afecte nuestras vidas, debemos conceptualizar la solución a nuestro estado actual poco deseado. Así el trabajo debe ser mi ejercicio y mi ejercicio mi trabajo. El trabajo productivo o no, debe estar adecuado a los principios de vida y no generar esclavitud, dependencia o enfermedad. El trabajo productivo o no, por lo tanto, debe ser generador de aptitudes internas y externas, que materialicen la libertad, la inteligencia y la trascendencia de las personas.





Saludos y hasta siempre... Yolokayotl nouikpa. J.Z.

De Palabras de reflexión 120[

martes, 24 de abril de 2012

Proyecto personal


EJEMPLO DE DISEÑO DE UN PROYECTO PERSONAL



Proyecto: Autoobservarme para autocorregirme.



- INTRODUCCIÓN:

 -Diagnóstico: La mayor parte del tiempo, se quién soy, lo que quiero y para qué lo quiero, pero, hay ocasiones en que me desconozco  y hasta me niego, porque no acepto que “yo” sea débil, iracundo, irracional, agresivo, intolerante, racista, indiferente ante el dolor ajeno, hasta que apoye la injusticia sobre la justicia. Me veo en situaciones imprevistas o sorpresivas siendo otro que no quiero ser, y me siento separado, aislado de mi comunidad y mis seres queridos. Este sentimiento, es algo que no quiero, que rechazo y aborrezco, por que me causa dolor, porque me daña y daña a las personas que más quiero.

-Fundamentación del proyecto: Dentro de mis círculos, familiar, social, laboral y hasta cultural, tengo ejemplo de personas que son modelos a imitar por que son positivos. Estas personas se conducen por valores éticos y morales sobresalientes que los hacen destacarse en su persona, con otras personas, en el trabajo, en sus logros, en su relación de pareja, en su trato hacia sus hijos, en una palabra, en su “ideología de vida”. Esto es algo que admiro en una persona y quisiera imitar este ejemplo por mí, para mis semejantes.

 -OBJETIVOS:

- Uno, quiero conocerme en realidad por quien soy. Dos, Quiero permitirme que los otros “yoes”, me dominen ni controlen.

- Metas de logro: -Uno, saber quién soy, para ser quien soy, sin intervención o adulteración de otras personas. –Dos, Liberarme de la falta de control, la falta de voluntad, y de la indecisión, producto de los “yoes” que yo permito que me dañen y dañen a mis semejantes.

- CONTENIDOS:

-Los contenidos a trabajar son: Entender que mientras realizo una actividad cualquiera, sobre todo estresante, voy a dividir mi atención en dos; una hacia fuera en lo que hago y la otra hacia dentro, tratando de entender lo que permito que me suceda, por qué permito que me suceda.

- ESTRATEGIAS:

La técnica a utilizar es el “tener presente, autoobservarme de instante en instante (sobre todo en los momentos críticos) en lo que pienso, siento y hago, de manera reflexiva”.

- MATERIALES: Los materiales de trabajo son todas las situaciones que permito provoquen en mí un pensamiento, un sentimiento y una actitud autodestructiva y destructiva hacia mis semejantes y mi entorno.

 - ACTIVIDADES:

- Actividades a realizar con el fin de lograr los objetivos propuestos. 1.- Identificar las situaciones y eventos más críticos en que me permito perder el control. 2.- Anticiparme y estar prevenido ante las situaciones y eventos que permito me desequilibren. 3.- Tener presente, no olvidar, no reaccionar y reflexionar cuando estoy envuelto en la situación o evento que permito me saquen de control. 4.- reflexionar lo que hice y lo que tengo que modificar para cuando este experimentando la siguiente situación o evento.

- TIEMPO:

- El lapso de tiempo llevará la realización de la auto observación será 1.- por el tiempo que dure el evento que permito me saque de control. 2.- durante todo el día por el tiempo que permanezca en vigilia. 3.- Para toda mi vida.

- EVALUACIÓN:

- Las estrategias que me servirán para evaluar el proceso y los avances en conocimiento, actitudes y aptitudes, 1.- Escuchar el comentario positivo de manera espontánea de las personas con quién me permito perder el control. 2.- Platicar con la persona que pierdo el control y que es de confianza, diciéndole que pretendo cambiar la actitud que nos lastima, y que cuando se pase un evento dañino, me gustaría platicar abiertamente de manera impersonal, imparcial y objetiva, sobre lo que sucedió. 3.- ante eventos en los que no hay una intervención de proximidad con otras personas o seres vivos, recapitular para ver si me permití perder el control.

- PRODUCTO:

-El cambio en mi actitud. El entendimiento de lo que permitía que me molestara. El sentimiento de libertad ante las situaciones frente a las que me permitía perder el control.


Este es sólo un ejemplo, que debe ser completado, modificado, o ajustado para tu caso en particular.


Saludos y hasta siempre... Yolokayotl nouikpa. J.Z.

lunes, 23 de abril de 2012

La razón


­La razón y la razón.

El término “razón” proviene del latín ratio, rationis (creer, pensar) de ahí las palabras:

Razonar –acción necesaria para llegar a la razón, es decir pensar-. Razonamiento –es el resultado de razonar-. Razonable –es algo que puede tener razón-. Razonador –el que razona-. Racional –lo que es parte de la razón-. Racionalizar –la acción de operar bajo normas que son parte de la razón-. Irracional –que no forma parte de la razón-.

La palabra ratio también significa calcular, como en dividir. De ahí la noción de ración, o sea el resultado de una división.
La palabra ratio también fue utilizada para dividir animales en clases. De ahí que algunos piensan que raza podría venir de ratio.

Definiendo la palabra razón, podemos establecer los siguientes significados:

Facultad de la persona de conocer, pensar o considerar detenidamente acerca de una cosa o tratar de ella con cierto método y que le permite formar ideas, juicios y representaciones de la realidad en la mente, relacionándolas entre sí:

La razón es la facultad por la cual la persona es capaz de identificar conceptos, cuestionarlos, hallar coherencia o contradicción entre ellos y así inducir o deducir otros distintos de los que ya conoce.

El argumento que se aduce en apoyo de algo.

El motivo o causa de algo.

Podemos ver dos tipos de razonamiento:

El deductivo (que considera que la conclusión está implícita en las premisas y parte de lo general hacia lo particular)

El inductivo (obtiene conclusiones generales partiendo de lo particular).

Usos de la palabra razón:
En aritmética, es la diferencia (resta) de dos cantidades.

Cociente de dos números, o en general, de dos cantidades comparables entre sí.

En geometría, es el número de veces que un número se contiene en otro (división).

En dinámica de sistemas, es la interacción de las diferentes áreas metabólicas que son estimuladas por el medio, así como de la realimentación del propio cerebro sobre los recuerdos pasados.

Atender a razones. Admitir lo que es razonable o darse cuenta de ello: cuando se enfada, no atiende a razones.

Dar la razón. Reconocer o aceptar que lo que piensa o dice otra persona es cierto.

Entrar en razón. Darse cuenta una persona de lo que es razonable y lo que no lo es, y admitirlo: nos costó mucho que entrara en razón y se diera cuenta de su error.

Perder la razón. Volverse loco.

Para avanzar entre todo este mar de definiciones, voy a definir dos conceptos que nos pueden ayudar a hacer práctica la razón:

El primero es la relación coherente o contradictoria entre dos hechos o ideas que identificamos y usamos para repetir ese hecho o mantener un concepto.
El segundo es el motivo que causa u origina que algo suceda de determinada manera.

Pero lo más importante es la razón que tú tienes para saber qué es la razón, cómo funciona, cómo practicas la razón internamente y cómo la aplicas prácticamente en tu vida diaria.



Saludos y hasta siempre... Yolokayotl nouikpa. J.Z.

domingo, 22 de abril de 2012

Actitud pasiva o actitud activa



¿Qué es la actitud ante la vida?

Es la forma en que resolvemos los diferentes escenarios internos o externos que vivimos. Siempre ejercemos una resolución, pero no por resolver resolvemos acertada ni constructivamente.

La salud mental está íntimamente relacionada con la actitud ante la vida; en este sentido se pueden plantear dos posiciones: la posición activa frente a la realidad relacionada con la salud mental, y la posición pasiva o reactiva, que suele ser sinónimo de rigidez y enfermedad mental.

La salud mental se relaciona con la capacidad que tenga una persona de reflexionar y pensar su realidad, tanto interna como externa de forma tal de poder transformarse y transformar la realidad mediante la acción. La salud mental implica pues, salir a buscar activamente a la vida, proyectar situaciones reales a resolver y actuar en base a ello, modificando la vida de uno mismo. La capacidad para adaptarse a los cambios y de cambiar, es un signo de salud mental.

La falta de salud o deterioro mental se presenta en personas que tienden a permanecer sin cambios en su pensamiento, actitudes y actividades, mostrando los signos de pasividad rigidez y actitudes en las cuales dejan pasar las situaciones en espera de “a ver que pasa”, “a ver si se compone sólo, o con el tiempo”

Las personas activas

Cuando hable de actitud activa o también conocida como proactiva, implica un reflexionar, un proyectar situaciones y actuar en consonancia a este proceso. Quien toma una actitud activa ante la realidad, la va a pensar, se va a cuestionar sobre ella y luego va a actuar en función de esa reflexión.

Se mueven por valores cuidadosamente meditados y seleccionados: pueden pasar muchas cosas a su alrededor pero son dueñas de cómo quieren reaccionar ante esos estímulos. Centran sus esfuerzos en el círculo de influencia: se dedican a aquellas cosas con respecto a las cuales pueden hacer algo. Su energía es constructiva, con lo cual amplían su círculo de influencia.

La persona activa no tiene nada que ver con el activismo o la hiperactividad. Ser activo no significa actuar deprisa, de forma caótica y desorganizada, dejándose llevar por los impulsos del momento. Las personas que tienen el hábito de la actividad no son agresivas, arrogantes o insensibles, como defienden algunos, sino que se mueven por valores, saben lo que necesitan y actúan en consecuencia, su conducta individual está en función de las decisiones propias y no de las condiciones.

Las personas pasivas o reactivas


Aquel que tiene una posición pasiva ante la realidad, es el que toma lo que le toca vivir como algo “dado” o como algo “natural”, están sujetos a las circunstancias y por ende a los problemas. Un pensamiento en este sentido podría ser: “Es la cruz que me tocó cargar”, “Dios así lo quiere”, “es natural que yo sea de esta forma”

Se ven afectadas por las circunstancias, las condiciones, el ambiente social.  Sólo se sienten bien si su entorno está bien y se sienten mal si su entorno está mal. Centran sus esfuerzos en su círculo de preocupaciones: en los defectos de otras personas, en los problemas del medio y en circunstancias sobre las que no tienen ningún control. No tienen la libertad de elegir sus propias acciones.





Saludos y hasta siempre... Yolokayotl nouikpa. J.Z.

[

viernes, 20 de abril de 2012

Sobre los milagros


La palabra milagro encuentra su raíz en el latín miraculum que significa “mirar”. Los antiguos latinos llamaban miraculum a aquellas cosas prodigiosas que escapaban a su entendimiento, como los cometas, eclipses, los rayos, y las tempestades. Así entonces tenemos que, miraculum proviene de mirari, que en latín significa “contemplar con admiración, con asombro o con estupefacción”. Desde el punto de vista etimológico, e histórico, la palabra milagro no habla de una relación o una cierta intervención divina, sino que se liga al asombro de lo que no puede narrarse con simples palabras.
Los milagros son elementos que los católicos dicen,  sólo se encuentran en la religión Católica, ya que son una de las bases de su creencia de que son los únicos poseedores de la verdad. Así tenemos que a los milagros de otras creencias, los denominan hechos paranormales. Ahora bien para justificar los milagros dicen los creyentes que estos son hechos imposibles de realizar por las leyes naturales en los que hay una intervención sobre natural (entonces en qué quedamos, son o no sobrenaturales) del único ser que se encuentra sobre esas leyes naturales (¿no será que no conocen las leyes naturales y a las desconocidas le llaman sobrenaturales, perdón, milagro?)

Pero definamos que es milagro para los que se dicen ser la única verdad, la única salvación.

Los milagros son hechos sobrenaturales hechos por el único Dios verdadero, para demostrar con total evidencia que la Religión Católica es la única religión revelada por dios. La finalidad de estos milagros es  de darnos señales que confirmen, en medio del error, en qué doctrinas se halla la única Religión Verdadera, y de ese modo podamos salvar el alma.

¿No sería mejor pensar que los milagros son la prueba del deseo del ser humano de alcnazar un estado más elevado de consciencia y de amor por prójimo? ¿Que son la máxima manifestación de las virtudes humanas según los pueblos que las exaltan?

¿Acaso podrán ser los milagros, la manifestación normal y no paranormal que han pretendido hacernos creer, de nuestras aptitudes espirituales de inteligencia, y amor? ¿Cuántas maravillas existen en el universo que desconocemos  y que si llegáramos a verlas por una vez, nos dejarían sin palabras, sin pensamientos, atónitos, y exclamando “maravilla” natural, supranatural, metanatural, o milagro?



Saludos y hasta siempre... Yolokayotl nouikpa. J.Z.